Champagne y música de fondo. Summertime.

I Post en colaboración con

El Gramófono

 

champagne

En Champagne y música de fondo Ángel pone la música en su Gramófono y Champagne para desayunar las letras. En esta oportunidad, su elección ha sido el jazz negro de Billie Holiday, Summertime.

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Se va apagando el día, al fondo la ciudad se desdibuja. Tu otro tú, el que lleva un reloj impertinente al que le faltan horas, se quita los zapatos y, descalzo, se sirve una copa de vino justo cuando ella se cuela en el gramófono para acunarte, todo está bien, todo está en orden, ...fish are jumping.

Y ahí, de pie, de espaldas a la puerta que le da la espalda al día, te dejas mecer por el satén de su voz negra, nothin’ can harm you , nothin’ can harm you y, en sus labios, descubres que el verano sabe de nuevo a beso lento, como en los diecisiete.

Summertime

Summertime.

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Entonces cierras los ojos y te acaricia, casi, el vaivén de la nana que te lleva un poquito más allá. A esos veranos eternos cuando al acabar las clases sacabas las ganas guardadas del verano anterior, intactas, y las ponías en orden, los amigos de lugares remotos (cuando el norte era tan lejano para el sur como viceversa y el atlas se nos representaba como un desplegable imposible), el agua salada, los paseos por el puerto, nadar, nadar mar adentro sin más miedo que aquella resaca que, a lo sumo, te revolcaba el pundonor en el rompeolas. Benditos peligros los de la infancia.

Y ya puestos, por qué no recordar cuando una pala y un rastrillo eran los hacedores del castillo de tu reino y el mundo cabia en un cubito amarillo. Ese tiempo en que al esfuerzo de tus manos pequeñas sólo lo tumbaba una ola y todo, todo, se arreglaba con un cura sana

Summertime.

Summertime and the livin’ is easy

De chicos el verano duraba una vida como poco y en él te sentías indemne, invencible… qué tremenda sensación la de capitanear el tiempo; lo recuerdas?

Luego llegaron los inviernos, fríos: huesos que se quedan helados mientras pierden la memoria a la vez que el calor y, entretanto, con el tiempo te olvidas de los castillos mientras pagas la hipoteca de tu nuevo reino, de ladrillo, no de arena, y cambias la pala y el rastrillo por el uniforme, porque a trabajar vamos todos uniformados y, al fin, te das cuenta de que el tiempo no es eterno ni el sur y el norte están en las antípodas; no, ahora cogemos un vuelo y nos plantamos en Barcelona desde Málaga dando golpecitos al cristal de ese reloj impertinente mientras el segundero marca siempre cinco minutos más tarde y la prisa sopla las velas del barco a vapor en el que te has convertido.

Qué poder tendrán los recuerdos que te alcanzan quieras o no y te conjugan en presente cualquier estampa en sepia… Ella rescata esta noche una de esas estampas para mi con esta nana de saxo: una mecedora, una siesta, los brazos de un madre tejiendo un sueño bonito para su pequeña, el calor de agosto cómplice, chicharras en la arena caliente, y la sal pegada al cuerpo después del último baño. Ese fue, ese es mi “nada te hará daño” que sale de la cajita de los recuerdos, lleno de polvo y tiempo, y me abraza y me susurra que una mañana me voy a levantar cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo.

Entonces caigo en que esta voz con con alma, que flota junto con el aire cálido que ya va entrando por la ventana, tiene el color de las heridas y sabe a soledad rotunda, y que su melodía esconde, en realidad, un ruego: dime que todo estará bien, que los peces saltan… ,y que entre la languidez de su timbre hay un deje, apenas imperceptible, de vida y que es por eso por lo que esta dama rota me trae, esta noche, aquel verano de los diecisiete y el sueño sereno entre los brazos protectores.

Yo quiero un verano esta noche. Quien tiene uno de sobra? uno de esos de hechos del satén de una voz negra… porque que a veces necesitas que te digan que todo está en calma, que todo está bien y te acunen

and the living is easy

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No sé qué tema sonará a continuación en el gramófono pero sé que, apurando el último sorbo de vino, apuro también la brevedad de ese cuerpo y esa voz desvencijados y, antes de que se pierda el último compás, me guardo un puñado de arena en el bolsillo, una noche de verano y un beso de esos de los diecisiete años para mañana que, lo he decidido, me levantaré cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo. Porque ya casi es verano. Y todo está bien.

Hush, little baby; don´t you cry.

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