Soltiscio de despedida

Oirte respirar contra la vida y entender que soy yo quien debe abrir la puerta para dejarte ir. Quisiera haberte sujetado aquí, a mí. Pero aún más te quiero a ti. Por eso, minutos antes de que entrara el verano, le he pedido permiso a la primavera para quedarme un puñado de amapolas, de girasoles, de tréboles, de violetas, de lirios…. y he trenzado con mis propias manos un arco iris infinito de flores para que emprendas tu camino al otro lado.

Oirte respirar contra la vida y entender que se desploman los nortes de todo mi universo, que cae este bastión que era nuestra manada. Y que ahora mis huellas ya no llevan las tuyas paralelas.  ¿Acaso es eso posible?

Dime, ¿quién me devuelve ahora el tacto de tu pelo, tus pisadas en la habitación de al lado,… el calor  de tu cuerpo, maldita sea?

Amanece; pero este día no es un día cualquiera: es el día 1 en que tú ya no estás.

 Que dejen de maullar  los gatos.

Que las calles se borren del mapa y que no quede en pie puente alguno.

Que los relojes se paren, incapaces de contar un tiempo en el que no estemos tu y yo juntas.

No sé, algo así como definitivo que indique que el mundo se ha partido en dos entre las 5 y las 6, como mi corazón. Lo que fuera, menos este perderte… sin más.

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gloria Langle Molina dice:

    ¡Qué inmensa eres, Berta, amiga! Un abrazo con el que me gustaría absorber parte de tu dolor.

    Me gusta

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