Champagne y música de fondo. Summertime.

Y ahí, de pie, de espaldas a la puerta que le da la espalda al día, te dejas mecer por el satén de su voz negra, nothin’ can harm you , nothin’ can harm you y, en sus labios, descubres que el verano sabe de nuevo a beso lento, como en los diecisiete.
Summertime
Summertime.
Entonces cierras los ojos y te acaricia, casi, el vaivén de la nana que te lleva un poquito más allá. A esos veranos eternos…