Love Letter. Ch #4.

No conozco más metal que el de este corazón
ni más cristal que el de tu recuerdo.

B(e)_day: Pide un deseo, chica de las palabras.

Y con cada olvido, fui recordándola a ella, fui recordándome a mí, tirando muros, abriendo puertas y ventanas, descorriendo las cortinas, dejando-me llegar a todos los rincones. Y empecé mi travesía. Una travesía cuya primera etapa ha sido este año que se cumplía el 7 de enero. Detrás, un puñado de post, el que le ha dado vida a este blog. Un puñado de post que también están cosidos, éstos a mi alma y con hilo dorado.

…Y a aquella chica que intentó hacer magia con los fósforos mojados que tenía entre los dedos, decirle “Feliz Happy B(e_naïve) Day!”. Sopla las velas, pide un deseo: MÁS PALABRAS.

Porque ella siempre será la chica de las palabras. Y yo… lo mismo.

Inventario. Del verbo inventar.

Esas cosas que son ‘casa’, esas donde te sientes a salvo, que te devuelven la calma y el orden: la calma que te da, precisamente, poner orden; el orden que te da, justamente, tener calma.

Ese es mi Inventario, pero puedo inventar-me otras mil formas de recobrar la fuerza.

Viaje al centro de… la libertad.

Un sueño al que pretendía acceder por el camino más difícil. Ese que va más allá de tres vuelos, cinco trenes y un autobús, ese que se hace precisamente traspasando la frontera de tus cuatro puntos cardinales, tocando tu techo, tus paredes, tanteándolos con los dedos para buscar la rendija por la que escabullirte y salir a campo abierto.

Champagne y música de fondo. Come away with me.

Que jamás te necesitaré pero que puedo quererte para siempre
Que me equivoco más de lo que la paciencia podría soportar. Que soy irremediablamente imperfecta. Y tuya.
Ven, repetiste.… Conmigo. Zanjaste. La moneda había caído de cara. Y en ese instante tú, TÚ, te convertiste en mi latitud, en mis coordenadas… Voy.

Life Letter Ch #1

Me supo a poco, le supo a poco y, locos de atar, hicimos planes para las próximas infinitas noches…

Champagne y música de fondo. Summertime.

Y ahí, de pie, de espaldas a la puerta que le da la espalda al día, te dejas mecer por el satén de su voz negra, nothin’ can harm you , nothin’ can harm you y, en sus labios, descubres que el verano sabe de nuevo a beso lento, como en los diecisiete.
Summertime
Summertime.
Entonces cierras los ojos y te acaricia, casi, el vaivén de la nana que te lleva un poquito más allá. A esos veranos eternos…

Yo, mi, me, conmigo

Y entonces echas la vista atrás, a aquella niña que fuiste e, indefectiblemente, la ves hacerse pequeñita mientras navegabas mar adentro. Y, en medio de la mar, revuelta a veces, castigadora o calma, te preguntas qué quedó de aquella niña en tí; qué del compromiso de llevarla a este circo que es la vida, y disfrutar de él con ella.